SEPTIEMBRE 2026
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El conjunto escultórico que se exhibe en la Sala Mexica está formado por la figura de un hombre joven y un asiento o trono labrados en andesita basáltica. De color gris muy oscuro, las piezas están cubiertas con pigmento rojo, color característico de los dioses solares y del maíz mesoamericanos. La figura se ha identificado como la imagen del dios Xochipilli, considerado por los mexicas como el dios de la nobleza real y patrono de las flores.
De acuerdo con un mito texcocano, Xochipilli fue hijo de la pareja divina formada por un dios solar llamado Piltzintecuhtli y por Xochiquétzal, joven diosa de la tierra. Otro relato, pero este proveniente de Chalco, menciona que el hijo de esta misma pareja fue Cintéotl, el dios del maíz. El tema de ambos mitos es el origen del maíz y de las flores, engendrados gracias al calor del sol y la fertilidad de la tierra. Ambos dioses simbolizan aspectos del mismo tema de la creación de las plantas, por lo que en muchas ocasiones el mismo dios lleva los dos nombres: Xochipilli-Cintéotl. Según el mito, cuando Cintéotl nació, se metió debajo de la tierra y de su cuerpo y rostro brotaron el maíz y otras plantas que darían sustento a la humanidad. En su aspecto de Xochipilli, la escultura parece representar el momento en que el dios revienta la superficie de la tierra cubierto de flores. Así pues, Xochipilli-Cintéotl simboliza la creación de las plantas que darían sustento y placer a la humanidad.
Las dos piezas fueron encontradas en Tlalmanalco, antigua provincia de Chalco ubicada en las faldas del volcán Iztaccíhuatl. El conjunto perteneció al historiador Alfredo Chavero (1841-1906) quien lo donó al Museo Nacional, en cuyas colecciones ha permanecido desde finales del siglo XIX.
Arqlga. Bertina Olmedo Vera
Curadora-investigadora MNA