Cabeza-coyote
Posclásico temprano (900-1250 d.C.)

Esta vasija, conocida como la “cabeza-coyote”, representa a dicho cánido emplumado de cuyas fauces emerge o asoma un personaje barbado. Se realizó sobre una vasija de cerámica plomiza a la que se aplicaron mosaicos de madre perla que emulan las plumas del coyote. Los dientes de ambos personajes fueron elaborados con hueso, en tanto que el pelo y la barba, con conchas marinas. Es factible que esta pieza sea una representación temprana de los “guerreros-coyote”, retomados después por la sociedad mexica. 

 

Dr. Stephen Castillo Bernal
Curador-investigador

Número de catálogo:
15.1-00027
Número de inventario:
10-0009647
Procedencia:
Ofrenda del Adoratorio de El Corral, Tula, Hidalgo
Dimensiones:
Alto: 13 cm
Ancho: 9.6 cm
Diámetro: 7 cm
Sala en el museo:
Los Toltecas y el Epiclásico

Jorge Acosta excavó en los años cincuenta el edificio de El Corral, en el recinto sagrado de Tula. Este edificio presenta una estructura circular en la parte central, además de dos secciones cuadrangulares, cada una apuntando al este y al oeste. La forma de la construcción ha permitido postular que estuvo dedicada al dios Quetzalcóatl, en su advocación de Ehécatl, patrono del viento, pues en la cosmogonía mexica lo circular aludía al movimiento que se relacionaba con el viento.

El hallazgo de Acosta en el adoratorio de El Corral podría resolver quién fue la deidad a la que estuvo dedicada esta estructura. El equipo de trabajo de Acosta encontró una importante ofrenda casi a los 2 m de profundidad del adoratorio:

(…) se descubrió una vasija asociada a 2 grandes conchas marinas depositadas como ofrenda a la estructura. Se trata de una pieza “plumbate” de color café rojizo con manchas grises y de un pulimento extraordinario. Representa la cara de un personaje barbado con un yelmo o casco que semeja la cabeza de un animal que parece ser un coyote. La impresión general que da la pieza es la de una cara humana asomando de entre las fauces de un animal (…)Lo que nos llamó mucho la atención desde un principio fue que la vasija presentaba huellas de raspaduras en la cara y limaduras en otras partes (…) Era inexplicable que una pieza tan bella hubiera sido dañada y colocada como ofrenda dentro del adoratorio (íbidem: 43, 45).

La inquietud de Acosta quedó resuelta cuando descubrieron en el mismo depósito gran cantidad de placas de concha nácar y de hueso, “algunas en forma de ojos y colmillos y otras como plumas (…) después nos dimos cuenta de que las plaquitas pertenecían a la pieza ‘plumbate’; es decir estaba cubierta con un mosaico elaborado a base de concha nácar y hueso” (íbidem: 45). Acosta reconoce que después de restaurar la pieza, lo que concibió originalmente como plumas del personaje en realidad constituían mechones de pelo “de un animal que sin duda era un coyote. Podemos inferir que el personaje barbado representa a Ce Acatl Topiltzin y lleva como yelmo a su nahual, el coyote, lo que está de acuerdo con la mitología náhuatl. Desde luego lo anterior no es más que una hipótesis” (ídem).

Para Lourdes Suárez (1990), el personaje representado en esta obra es Quetzalcóatl, por su barba, bigote y nariz aguileña, elementos representativos del personaje mencionados en diferentes fuentes históricas. La especialista argumenta que: “Quetzalcoatl es un numen asociado plenamente a la concha (…) Es una deidad no solamente unida al agua sino también al material conquiológico, y la pieza está revestida de concha” (Suárez, 1990: 588). La identificación de Suárez deviene de una lectura etnohistórica, así como de una evidente metonimia de caracol-agua. Si bien los símbolos dominantes de la deidad son el cabello facial, así como los elementos marinos, ¿cómo se puede seguir argumentando que esta deidad es una representación prístina de Quetzalcóatl si posee atributos de una fiera que no necesariamente se vincula directamente con el dios? No demeritamos la identificación de Acosta y de Suárez de la efigie con una representación de Quetzalcóatl, pero la cuestión de las fauces de coyote no puede resolverse de una forma tan sencilla:

El prestigio, la importancia y la prestancia que el gran tlatoani tiene en el contexto tolteca, permite suponer que a este personaje pueden atribuírsele asociaciones sagradas y míticas, por lo que si la piel del animal es la de un coyote, como tradicionalmente se conoce (…), esto no invalida la identificación del retrato dentro del yelmo como Topilzin-Quetzalcoatl, sino por el contrario lo reafirma (ídem).

La identificación de la deidad al interior del yelmo como un coyote es indudable. No obstante, si a un personaje se le pueden asignar otras concepciones simbólicas y morfológicas, ¿estaremos ante la misma construcción semántica? ¿Se asume que el yelmo en forma de coyote alude a Huehuecóyotl, patrono de las danzas mexicas, y que por relación directa se vincula con Quetzalcóatl por ser éste definido en las fuentes como un sabio que transmitió las artes a todo el pueblo tolteca?

Es probable que esta creación sea una representación temprana de los guerreros coyote y que demuestre el vínculo simbólico entre las fieras y la guerra, pues el coyote no se relaciona con Quetzalcóatl sino con Huehuecóyotl, patrono de la danza y de “un apetito sexual muy elevado”, lo cual lo vincula con Tezcatlipoca, deidad de los destinos, guerreros, sacrificios, transgresiones y némesis de Quetzalcóatl (Olivier, 2004).

Fuentes consultadas:

Acosta, Jorge
1974 La pirámide de El Corral de Tula, Hgo. En Proyecto Tula (1ª parte), coordinado por Eduardo Matos, pp. 27-49. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

1942-1944 La tercera temporada de exploraciones arqueológicas en Tula, Hidalgo, 1942. Revista Mexicana de Estudios Antropológicos, 6: 125-164.  

Castillo, Stephen y L. Berrocal
2014 Las relaciones hombre-coyote y hombre-jaguar en la cosmogonía tolteca. Aproximaciones desde una ontología animista y analogista. Dimensión Antropológica. En prensa.

Olivier, Guilhem
2004 (1997) Tezcatlipoca. Burlas y metamorfosis de un dios azteca. Fondo de Cultura Económica, México.

Suárez, Lourdes
1990 Una escultura de concha en la cultura tolteca. En Mesoamérica y norte de México. Siglo IX-XII, coordinado por Federica Sodi, pp. 585-594. Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Nacional de Antropología, México.