ABRIL 2026
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Número de Catálogo: .9-2553
Esta magnífica almena zoomorfa se encontró en 1963, entre los restos de la sala de un posible templo que se alzaba casi frente a la escalinata de la Pirámide del Sol.
En Teotihuacan, las almenas eran ornamentos arquitectónicos de gran visibilidad que coronaban los techos de conjuntos ceremoniales y residenciales de alto estatus. Algunas se incrustaban en los bordes de terrazas, y otras en los patios interiores o en la entrada de edificios. Tan solo en el Palacio de Quetzalpapálotl se recuperaron doce almenas, pero ninguna tan blanca como esta zoomorfa.
El jaguar estilizado corresponde al tipo de almena que presenta figuras de animales en alto relieve. Para su fijación a las techumbres, cada remate arquitectónico contaba con una espiga plana de encaje que se extiende por debajo del diseño escultórico principal.
Sobre el área de la cabeza rectangular domina el contorno de las grandes fauces y colmillos. Los pequeños ojos, nariz y orejas se adaptan al corte escalonado de la parte superior, mientras que el penacho se trazó con cinco líneas rectas acanaladas. Sobre el lomo del animal hay tres rosetas o grecas ganchudas; la última de éstas casi se perdió por el desprendimiento de la cola. El felino agazapado muestra su vientre abultado. Finalmente, las patas se delinearon con suavidad, sin omitir el esgrafiado que resalta las garras retráctiles del jaguar.
En casi todo relieve escultórico teotihuacano domina la simetría bilateral y un geometrismo a ultranza. Sin embargo, esta figura félida dibujada no es completamente rígida. Aunque el escultor prehispánico tuvo que sujetarse a la ley de frontalidad, lo ondulado y lo abstracto de su obra se combinaron para hacer una síntesis elegante y extraordinaria. Sumado al complejo simbolismo del jaguar en Mesoamérica, la selección del blanco marmóreo confirma los intercambios comerciales a larga distancia y la reproducción de mensajes ligados con el ceremonial político-religioso que regía a la sociedad teotihuacana.
Mtro. Edgar Ariel Rosales