OCTUBRE 2017
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El rámpora, como llaman los rarámuri a este tambor o instrumento de percusión, está elaborado con un doble parche de cuero de vaca o cabra que va tensado con tiras del mismo material sobre un bastidor circular hecho de madera de pino. Su uso ritual o festivo es parte de las tradiciones de las comunidades que habitan la Sierra Tarahumara, quienes según su variante dialéctica llaman rampola, rambola o rampoli.
El sonido del rámpora marca el inicio del año para los rarámuri, el cual tiene lugar a partir del 6 de enero y es conocido como Ciclo Fariseo o Pariseo, que asimismo representa el comienzo del ciclo agrícola con el arado o barbecho de la tierra.
La Semana Santa es otra de las celebraciones principales para los rarámuri. Denominada según cada variante dialéctica como Nolilúachi o Noríroachi, que significa “dar vueltas”, las percusiones del rámpora marcan el ritmo de la música con la que acompañan cada uno de sus rituales. Es el caso de la danza llamada del Matachín, donde el rámpora y la flauta –instrumento de viento y hecho con carrizo que también utilizan los rarámuri- sonorizan cada uno de los pasos con los que los danzantes se desplazan simulando una víbora en movimiento. El objetivo de este baile es pedir la lluvia a Riosi, encargado de ordenar el mundo, impedir su destrucción y garantizar su existencia. Esta danza, que asimismo forma parte del Ciclo Fariseo, es también un forma de representación de la lucha cósmica entre el bien y el mal, y en la que toman parte dos grupos: los pintos, quienes personifican el bien y cuyo cuerpo es decorado con círculos blancos y negros pintados sobre su piel; los pariseos –fariseos- o juriochi –judíos- que son el mal y visten, además de pintar su cuerpo y cara, de color blanco.
Para los grupos rarámuri bailar es un acto vital, intrínsecamente ligado al trabajo. Deben su trabajo al baile, por lo que sin el baile no tienen trabajo y sin trabajo el baile pierde sentido. El rámpora los acompaña en sus danzas; cada percusión alude al latido del corazón de Warupa, la Virgen de Guadalupe según el catolicismo que en el siglo XVI irrumpió en sus creencias, quien para ellos es la tierra.
La tesgüinada marca el fin de la celebración, que es cuando los rarámuri beben sowiki ó batári, la cerveza de maíz. Es el tiempo de romper el rámpora, de destruir el mal, una señal de que el bien ha triunfado sobre el mal y de que el mundo se ha ordenado.
Mtro. Donaciano Gutiérrez
Curador-investigador, MNA
Etnohist. Edgar Torres Tavera
Investigador
independiente