Pasajes de Investigación

HOME / PUBLICACIONES / Pasajes de Investigación / .

.


Una costilla de ballena en Monte Albán


Es bien conocido que las sociedades mesoamericanas hicieron un aprovechamiento constante de los recursos marinos, mismos que disponían ya sea como alimento o para la elaboración de artefactos para diversos fines. La mayoría de las veces estos recursos marítimos eran alóctonos, es decir, no se encontraban en su entorno inmediato, lo que hace pensar que su obtención era mediante redes comerciales o de intercambio a gran escala.

Respecto al aprovechamiento de los mamíferos cetáceos, el único lugar donde se ha detectado una relación simbólica y de consumo intensivo es en la península de Baja California. En esta región, ciertas especies de la fauna acuática formó parte en mitos, rituales y ceremonias de la época de sociedades de cazadores-recolectores y pescadores. Para ellos, el aprovechamiento de las especies marinas constituyó una importante parte de su vida, tanto alimentaria, como social y simbólica siendo representados en su arte rupestre.

La relación con los cetáceos no sucedió de la misma manera entre las culturas mesoamericanas, donde hasta el momento solo existe evidencia conocida de una costilla de ballena aprovechada para lograr un instrumento musical.

Por lo anterior, se hace más que notable el hallazgo de una costilla de ballena durante las excavaciones que Alfonso Caso efectuó entre 1942 y 1944 en Monte Albán, la capital de la cultura zapoteca.

En dichas exploraciones, Caso hizo 18 sondeos en la Plataforma Norte. En el pozo marcado con el número tres y a una profundidad de 1.52 m encontró la Ofrenda 1 que contenía: dos costillas de ballena, una integra y un fragmento menor, un gran número de cajetes de fondo plano, dos vasijas en forma de ave, una urna con la representación del dios de las fauces serpentinas, un vaso de barro gris con tapa, una olla con asa vertedera, un cajete miniatura, un apaxtle, recipiente grande y redondo con boca pequeña, y 23 esferas grandes de piedra rodeadas de carbón. Caso también menciona que las costillas de ballena estaban quemadas “como si le hubieran prendido fuego a la ofrenda”

En el año 2000 se exhibió en la sala de las Culturas de Oaxaca la costilla que se recuperó completa la cual presenta alteración por corte y trabajo en desgaste formando 70 muescas transversales divididas en 4 grupos de 10, 22, 17 y 21. Los investigadores consideraron que esta pieza debió ser un raspador e incluso algunos lo asocian con un omechicahuaxtli, denominación mexica de un  instrumento musical.

 

Primero, la identificación de la especie

Los trabajos de investigación sobre los objetos arqueológicos exhibidos en la sala de Oaxaca permitieron efectuar una nueva revisión de este hueso. La primera etapa comprendió la revisión morfoanatómica y la comparación osteométrica con apoyo en ejemplares cetáceos de diversas colecciones científicas.

La costilla fue estudiada por el Biólogo Paleontólogo Eduardo Corona Martínez, del Centro INAH Morelos, quien identificó que el hueso pertenece a un ejemplar de ballena barbada, en particular de los rorcuales Balaenoptera sp. Estos cetáceos habitan en las aguas del Pacífico central mexicano que comprende desde el sur de la península de Baja California hasta Centroamérica. En esta región se ha detectado la presencia de cuatro especies de rorcuales, por lo que su identificación específica se hace compleja, por la similitud con el tamaño se consideró que pudo haber pertenecido a un rorcual de la especie Balaenoptera physalus.

En cuanto a las modificaciones culturales solo se observa que la costilla presenta en la parte medial las mencionadas muescas a distintas profundidades, pero no hay signos de quemaduras, como lo afirmó el Dr. Caso.

 

Elementos para la interpretación

Es muy probable que el ejemplar de este animal haya quedado varado cerca de la costa y que su cuerpo se fuera deteriorando hasta que los pobladores lo encontraron. Posiblemente no fue necesario realizar cortes en las inserciones musculares del cuerpo de la ballena para recuperar la costilla debido a que ésta ya estaba desarticulada, llama la atención saber qué paso en el resto de la osamenta de cetáceo.

Si se considera la distancia que separa a Monte Albán de las costas de Oaxaca, que es de 130 kilómetros aproximadamente, podemos pensar que la obtención y traslado de la costilla de ballena fue relativamente sencillo.

No parece que los zapotecas supieran que el hueso perteneciera a una ballena, hasta el momento se piensa que la ofrenda estuvo dedicada al dios de la máscara bucal de serpiente, esto por la figura de esta deidad que estaba depositada en la ofrenda.

La interpretación de su uso como instrumento musical, se basa en que presenta muescas y quizá debió ser tañido con otro hueso o con un fragmento de madera.

Hasta el momento, no se ha encontrado en un ejemplar similar en el área mesoamericana. Esto nos permite sugerir que los cetáceos (ballenas y delfines) no fueron del interés de esas culturas.

Dra. Martha Carmona Macías
Curadora-investigadora, MNA 

*Agradecemos la colaboración del Biólogo Paleontólogo Eduardo Corona Martínez, del Centro INAH Morelos, por el estudio taxonómico y la identificación de la especie y la publicación de este estudio en coautoría con la Dra. Martha Carmona.