Cuauhxicalli
Posclásico temprano (900-1250 d.C.)

El Palacio Quemado de Tula fue reocupado después del año 1200. Durante las primeras exploraciones en el Palacio Quemado, Jorge Acosta descubrió una ocupación mexica en la Sala 1 del recinto. Entre los materiales recuperados se encuentra una vasija de cuatro soportes con una decoración notable. El exterior aún presenta pintura roja, negra y amarilla con una decoración notable en la parte baja del labio que emula la piel de un jaguar mediante círculos y puntos negros. Esta vasija es conocida en náhuatl como cuauhxicalli y fue empleada para contener diversas ofrendas divinas. 

 

Dr. Stephen Castillo Bernal
Curador-investigador

Número de catálogo:
15.1-00056
Número de inventario:
10-0159744
Procedencia:
Palacio Quemado, Tula, Hidalgo
Dimensiones:
Alto: 14 cm
Diámetro: 36.8 cm
Sala en el museo:
Los Toltecas y el Epiclásico

Cuando el poderoso Estado tolteca colapsó entre los años 1150 y 1200 d.C., sus construcciones fueron reutilizadas por los mexicas, quienes saquearon diferentes piezas y las trasladaron a México-Tenochtitlan y Tlatelolco en un intento por legitimarse como herederos de las antiguas glorias toltecas(1).

Durante las primeras exploraciones del Palacio Quemado de Tula, Acosta (1956: 73) descubrió que la última ocupación había sido mexica. De la Sala 1, ubicada al oeste de la Pirámide de los Atlantes, recuperó diferentes objetos. Acosta rescató un brasero “con decoración de cráneos humanos y pintados de cal” (ídem), una maqueta de un templo precolombino y una vasija de cuatro soportes almenados con una interesante decoración. Nos centraremos en este último hallazgo.

La pieza es un cajete con cuatro soportes almenados de 37 cm de diámetro. El exterior de la vasija presenta un engobe de color rojo con pintura negra y amarilla. Sin embargo, la decoración más notable es una serie de círculos y puntos negros que emulan la piel de un jaguar. Se trata de un cuauhxicalli, vasija ritual en la que se depositaban ofrendas. El cuauhxicalli, cuya traducción del náhuatl es “recipiente de águila”, fue uno de los muchos complejos culturales mexicas. Grandes bloques de piedra fueron tallados para dar forma a águilas, jaguares o incluso cilindros como la Piedra de Tízoc. Las oquedades de estas obras sirvieron para albergar ofrendas, corazones humanos u oblaciones de sangre.

El simbolismo asociado con el jaguar en Mesoamérica es muy complejo. Basta con decir que el jaguar, al igual que el ser humano, no tiene depredadores, lo que los torna compatibles simbólicamente. Por ello Sahagún (2005) asentó que “el jaguar era el príncipe de las bestias”. Las cualidades naturales del jaguar, como su gracia y delicadeza, así como su eficacia para cazar, fueron vinculadas con la guerra. Sus hábitos nocturnos y acuáticos, al igual que sus manchas corporales, hicieron que a este felino se le relacionara con la oscuridad, el cielo estrellado y el inframundo acuático (Valverde, 2004). El jaguar, como gran depredador, fue equiparado con la realeza y con el origen de algunas dinastías, en tanto que algunos de sus atributos, como la ferocidad, fueron anhelados por los antiguos mexicanos.

Las características depredadoras de las águilas y los jaguares hicieron que fueran los modelos de los cuauhxicalli mexicas. Sabemos que las águilas simbolizaron al Sol, en tanto que el jaguar hizo lo propio con la oscuridad y el inframundo. En este sentido, es factible que las ofrendas depositadas en los contenedores hayan sido dirigidas al astro rey y a las fuerzas de la oscuridad. Siguiendo este argumento, las ofrendas dispuestas en el cajete recuperado de la Sala 1 del Palacio Quemado pudieron haber estado relacionadas con la noche, la oscuridad o con el inframundo.

Dr. Stephen Castillo Bernal 
Curador-investigador MNA

 

(1) López Luján y López Austin (2007: 52) indican que el término saqueo implica una connotación contemporánea referida al acto de excavar edificios en busca de esculturas u ofrendas. No obstante, su defensa de los saqueos realizados por los grupos mexicas en las ruinas toltecas no es sostenible: “sin embargo, salta a la vista que este tipo de operaciones no perseguían el lucro, sino la recuperación de objetos apreciados estéticamente y, sobre todo, tenidos como mágicos puesto que eran obra de un pueblo portentoso”. A pesar de la intencionalidad, el acto mismo es de saqueo, aunque persiguiera fines mágicos, además de que desconocemos si estos actos perseguían o no un lucro. 

Fuentes consultadas:

Acosta, Jorge
1956 Resumen de los informes de las exploraciones arqueológicas en Tula, Hgo. durante las VI, VII y VIII temporadas. 1946-1950. Anales del INAH 8(37): 37-115.

López Luján, Leonardo y Alfredo López Austin
2007 Los mexicas en Tula y Tula en Mexico-Tenochtitlan. Estudios de Cultura Náhuatl 38: 33-83.

Olivier, Guilhem
2005 El jaguar en la cosmovisión mexica. Arqueología Mexicana XII(72): 52-57. 

Sahagún, Fray Bernardino
2005 Fauna de Nueva España. Fondo de Cultura Económica, México.

Valverde, Carmen
2004 Balam. El jaguar a través de los tiempos y los espacios del universo maya. Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México.