Salvador Toscano / G. Obregón



Tomado de Revista de Historia de América, No.28 (Dec., 1949), pp. 409-410

El trágico accidente aéreo del 26 de septiembre de este año en el Pico del Fraile, del Popocatépetl, cuenta entre sus víctimas a un distinguido historiador: Salvador Toscano.

Nació el 16 de diciembre de 1912 en Atlixco, Puebla, la vieja ciudad centro y cabecera del Valle del Carrión, aunque por vinculación y estudios pertenece a la ciudad de México. Aquí es, en efecto, donde hizo sus estudios, primero en escuelas oficiales, después en la Universidad Nacional Autónoma, de la que ya no habría de desligarse. Cursó la carrera de abogado no con el fin de dedicarse a la profesión sino como una base que le permitiera entregarse a los estudios históricos. La Historia fué siempre la meta que se había propuesto y sobre un tema histórico versó su tesis profesional que aumentada y modificada debía de ser su primera obra: “Derecho y Organización Social entre los Aztecas”, publicada en México en 1939.

Dentro del amplio campo de los estudios históricos, ya desde esta época se marca su interés por las investigaciones sobre la Historia del Arte en México y muy especialmente el de las Culturas Precortesianas. Miembro fundador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma, tiene amplias oportunidades para conocer y apreciar el arte mexicano de distintas épocas, y los artículos que en los Anales del mismo Instituto publica, demuestran su capacidad y su amplio criterio tanto en lo relacionado con el arte colonial como con el moderno, pero a medida que pasa el tiempo se afirma su interés por el período prehispánico.

Fruto de sus investigaciones en este campo es la obra publicada en 1944 bajo el título de “Arte Precolombino de México y de la América Central”. Indudablemente este libro de Salvador Toscano marcó un punto de partida para una serie de investigaciones en el arte indígena del México prehispánico, cubriendo un campo poco menos que inexplorado como es el estudio de los objetos arqueológicos mexicanos desde un punto de vista estético. Supo unir los conocimientos críticos que le daba su preparación en cuestiones de arte europeo con el rigor científico de uno de esos arqueólogos para quien el objeto antiguo no es más que un documento que proporciona datos. El libro está perfectamente documentado y trata en forma exhaustiva cada uno de los aspectos de las culturas pasadas, lo mismo la arquitectura que la orfebrería o los mosaicos de plumas con una excelente y moderna información en la que basa sus descripciones, apreciaciones históricas y juicios estéticos.

No cabe duda que esta fué la obra maestra de Salvador Toscano como crítico de arte. Es sin embargo pertinente añadir que publica en 1946 algunas apreciaciones generales bajo el título de “El arte antiguo” (México, 1946). Como historiador propiamente dicho, en 1947 empieza una interesantísima serie que titula “Anales de Tlatelolco”. Esta serie comprende las apreciaciones sobre la conquista de México vista por los indígenas, nueva manera de enfocar el problema muy diferente de las anteriores.

Como organizador ya se había distinguido renovando el Museo de Arte Popular. Pero su labor principal bajo este aspecto se localiza en Chiapas, Estado que fué especialmente interesante para él. En colaboración con el Dr. Alfoso Caso, creó el Museo Regional y dirigió las exploraciones en toda la zona arqueológica maya. A últimas fechas fué nombrado Secretario del Instituto Nacional de Antropología e Historia, cargo que ocupaba cuando le sorprendió la muerte.

Va con estas líneas un tributo de simpatía al historiador e investigador del pasado artístico de México. Ojalá el ejemplo de trabajo, dedicación y cultura que nos ha dejado, prospere y fructifique.