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La historia de la Colección del Museo Nacional de Antropología PDF Imprimir E-mail
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Los inicios de la Colección

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El museo de la calle de Moneda

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La Sala de Monolitos

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El Museo en el siglo XX

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El Museo en el Bosque de Chapultepec

 

Los inicios de la Colección

 

Coatlicue La Colección del actual Museo de Antropología tiene una larga historia que podríamos remontar al año de 1790, fecha del descubrimiento de la monumental escultura de la Coatlicue durante el gobierno del Virrey Conde de Revillagigedo. La escultura fue hallada gracias a los trabajos de nivelación realizados en la Plaza Mayor de la Ciudad y, por órdenes del Virrey, fue enviada al edificio de la Universidad para su resguardo.
En diciembre de ese año sale a la luz la Piedra del Sol. Debido al interés por la pieza, las autoridades de la Catedral solicitaron al gobierno virreinal que les permitiera instalarla en el muro de la torre poniente.
Fue a partir de este momento en que se manifiesta el germen por el interés y cuidado de piezas de origen prehispánico, considerados desde entonces bienes culturales. No hay que olvidar que a inicios del siglo XVIII Europa experimentó una etapa fundamental para su historia cultural, la Ilustración. Poco después, estas ideas llegaron a la Península Ibérica, influyendo en gran medida en el gobierno Borbón. En 1750 se crean las Reformas Borbónicas, las cuales, si bien tenían un cariz meramente económico (se traba de tener un mayor control de las riquezas extraídas de las colonias americanas), también destacaron por una nueva ideología ilustrada. Los aires de cambio llegaron a América, sembrando en los intelectuales novohispanos el interés por las culturas indígenas.
En 1791 apareció la Piedra de Tizoc y la cabeza de una serpiente Xiuhcóatl. Ambas piezas fueron enviadas también a la Real y Pontificia Universidad de México.

Durante el breve gobierno imperial de Agustín de Iturbide se dieron los primeros pasos para formar el Conservatorio de Antigüedades, sin embargo la turbulenta vida política del país no permitió que el proyecto llegara a buen puerto. Tres años después, en 1825, ya durante el gobierno de Guadalupe Victoria, se anunciaba la creación del Museo Nacional.
La colección inicial del Museo, con sede en el edificio de la Universidad, se formó, además de los monolitos de la Coatlicue y la Piedra del Sol, estudiados años antes por Antonio de León y Gama, con piezas de cerámica y alabastro procedentes de la Isla de Sacrificios, así como objetos recuperados en los viajes realizados por Guillermo Dupaix.
En este ambiente de interés cada vez mayor por los grupos indígenas del pasado, algunos miembros de la elite de la Nueva España comenzaron a adquirir las llamadas “antigüedades”. Entre estos personajes se encontraban el Conde de Peñasco y el Conde de la Cortina, quienes cedieron parte de su colección al Museo.
De manera paulatina, la Colección comenzó a crecer gracias a los diversos descubrimientos que se hacían a lo largo y ancho del territorio novohispano.

Desde fines del siglo XVIII se había intensificado el interés en el extranjero por las culturas perdidas de México. Los mayas fueron uno de los pueblos que más llamó la atención de viajeros y estudiosos, provocando que gente de diversas nacionalidades viniera al país a buscar y recorrer las ciudades ocultas debajo de la selva. Los dibujos y fotografías elaboradas por gente como Catherwood, Maler, Maudslay y Charnay, así como sus publicaciones, aumentaron el interés por los pueblos prehispánicos.

La institución del Museo se formaliza a finales del siglo XIX a instancias de Lucas Alamán, figura relevante de aquel periodo.
Para 1841 destacaban entre las piezas del Museo: la Piedra de Tizoc, la Coatlicue, la escultura llamada el “Indio Triste”, recientemente adquirida; la gran cabeza de la diosa Coyolxauhqui; algunas figuras de Ehécatl; la figura del “Perro Mudo”, la representación de la figura mítica del ahuízotl y varias esculturas de serpientes emplumadas. A ellas fueron añadidos códices y manuscritos que habían pertenecido a la colección de Bouturini.

Existen referencias de donaciones hechas al Museo por los habitantes de la ciudad, sin embargo, la falta de un registro formal impide conocer qué piezas fueron las que se adquirieron.
En 1856, el director del Museo, José Fernando Ramírez, publicó una descripción de las piezas principales. Junto con las ya mencionadas en 1841, se señalan la “Lápida Conmemorativa del Templo Mayor”, “la atadura de años de Dos Caña” y un “Anillo de Juego de Pelota de Guerrero Decapitado”. El artículo detalla 42 piezas.

Última actualización el Jueves, 10 de Noviembre de 2011 22:43
 

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